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Vivimos hoy, y es el mundo de nuestros hijos, en una sociedad hiperactiva, dispersa, consumista no solo de lo material sino del tiempo, de proyectos, de sensaciones, de acontecimientos. Da la sensación de que no se puede parar porque se estaría perdiendo la oportunidad de vivir no se sabe muy bien el qué. La vida se convierte así en una huida hacia delante con las consecuencias del estrés, de la inseguridad, de la decepción, de la necesidad del cada día más porque cada vez la vida nos llena menos.

Hay que hacer un alto en nuestra vida, entrar en nuestro interior, hacer silencio, reflexionar sobre lo que estamos haciendo y viviendo, hacia donde nos lleva, preguntarnos por el sentido de nuestra vida, cuales son nuestros valores, nuestras prioridades, nuestra coherencia.

Decía Rahner que el cristiano del siglo XXI será un místico o no será cristiano. Entrar en nuestro interior es crear un espacio para abrirnos a Dios y a su llamada.

No se puede vivir la fe con plenitud si no la cuidamos y la ponemos al día. No podemos transmitir la fe a los hijos si no la vivimos con coherencia.

Crecemos en información y conocimientos en todos los aspectos de nuestra vida pero no siempre lo hacemos en el terreno religioso. La fe no se vive con frecuencia como Buena Noticia capaz de dar a nuestra vida sentido, esperanza y felicidad.

Por otra parte, la ciencia, la cultura y la tecnología modernas plantean enormes retos a la fe a los que como creyente debemos responder.

Todo esto exige revisar y purificar nuestra imagen de Dios, en Quien creemos, como nos relacionamos con Él, como vivimos el mensaje del Evangelio, como anunciamos a Jesús.

¿Qué me puede aportar a nivel familiar?

La vida familiar pasa por diversas etapas. Y cada una de ellas presenta nuevos retos que se afrontan de mejor manera si estamos acompañados por un grupo de referencia.

Para aquellos cuyos hijos se encuentran en la etapa de la adolescencia, la Comunidad puede aportar perspectiva para entender su momento. Es una etapa de crisis como camino hacia su maduración. Crisis personal, de búsqueda de identidad y de proyecto de vida y crisis religiosa consecuencia del paso de una fe transmitida en la familia y cuestionada, a veces por el ambiente, a una fe que tiene que hacer suya como experiencia personal.

Cuestiones como por qué mi hijo no va a misa o a los retiros, por qué no está de acuerdo con la Iglesia, por qué se casa por lo civil, nos duelen y nos hacen sentirnos impotentes, mucho más si lo que cuestionan es la presencia de Dios en el mundo.

Ayudarles a profundizar, clarificar, buscar la verdad, relacionarse con Dios no es solo misión del colegio. Los valores, las actitudes con los demás, la experiencia de Dios vivida en distintas circunstancias, nuestra postura ante las realidades tan complejas del mundo de hoy son un punto de referencia muy importante para ellos.

Una Comunidad puede ayudar más.

No se puede vivir la fe en solitario. Necesitamos seguir creciendo con los demás, analizar nuestras actuaciones, valores y actitudes, compartir nuestra oración, inquietudes y experiencias de fe, comprometernos con otros en el servicio a los demás.

No se trata solamente de ser miembro de un grupo concreto, sino de pertenecer a una comunidad más amplia que nos enriquece a través de las celebraciones, diálogos y otros actos; y nos abre a los retos y expectativas de la Compañía y de la Iglesia a la que pertenezcamos.

Hoy en día pese a todos los cambios que están apareciendo, la Comunidad sigue siendo una oportunidad privilegiada de vivir la fe en Jesucristo a nivel individual, matrimonial y familiar para muchas personas.

¿Cuánto tiempo y dedicación supone pertenecer a la Comunidad?

Este es el problema más pequeño. El tiempo que hay que dedicar se refiere a cuatro apartados

1.- Asistencia a reuniones. Sólo hay dos reuniones al mes. La Eucaristía comunitaria que tiene lugar un día laborable a las 20:30h y la reunión que cada grupo tiene. Esta reunión se fija libremente por las personas del grupo tanto en lo referente en el día como a la hora.

Temiendo en cuenta las diferentes circunstancias de los miembros de la Comunidad (edad de los hijos, dificultades familiares, horario de trabajo, etc), para los que no pueden acudir a la eucaristía comunitaria, la Comunidad también se une a la Eucaristía que se celebra en el Colegio del Recuerdo el domingo a las 13 horas.

2.- Preparación de los temas. Los temas se entregan con un mes de anticipación para que cada persona pueda organizar su lectura y la reflexión sobre las cuestiones que se plantean. El tiempo dedicado a esta preparación es decisión personal.

Resulta muy agradecido prolongar la oración sobre el tema durante todo el mes. También en este caso el tiempo dedicado a la oración depende de cada uno.

3.- Asistencia a Ejercicios Espirituales o retiros. Se procura cada vez más difundir una oferta amplia: ejercicios espirituales de tres o cuatro días, de fin de semana, externos en el Colegio del Recuerdo, de un día o de un fin de semana con hijos y monitores que se encarguen de ellos, etc. Se ofrecen también otros no organizados por la Comunidad o el Colegio del Recuerdo. Los que son de más días, la experiencia “Tras las Huellas de Ignacio” o los ejercicios en la vida ordinaria es una opción absolutamente personal.

4.- Compromiso social. La Comunidad ofrece cauces para concretarlo, pero qué hacer, cómo hacerlo y cuándo es una opción personal.

¿A quién se dirige?

A los padres de alumnos del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo.

A otros padres y personas vinculadas al Colegio Nuestra Señora del Recuerdo que quieran compartir su fe en comunidad.

A todas las personas que quieran compartir su fe cristiana en comunidad y tengan un deseo de crecimiento espiritual interior.